De los 35 a los 42 años: manteniendo viva la llama de la Enseñanza

(De agosto de 1991 a agosto de 1998)

Las primeras discípulas

35 a 37 años (De agosto de 1991 a agosto de 1993): El primer grupo de discípulas de José Antonio Ramón se formo en marzo de 1991. Todo inició cuando su esposa Ruth, una hermana de ella y una amiga cercana, solicitaron recibir la enseñanza. Las pláticas y las prácticas iniciaron de manera privada y el grupo estaba formado por seis o siete interesadas. Las reuniones tenían lugar en la casa de una de ellas y, después de algún tiempo, en la casa de otra, los días lunes a las 6 de la tarde. Con el tiempo, el número de personas que solicitaron entrar a las reuniones creció y en 1993, se tomó la decisión de rentar un salón en un hotel de la ciudad, para estar en capacidad de recibir a los estudiantes que crecía rápidamente en número. Inicialmente se llevaba a cabo una sola reunión los martes por la tarde. Con el tiempo los grupos crecieron hasta que hubo necesidad de tener que recibir dos grupos por la mañana y dos por la tarde los días lunes, martes y miércoles. Estas reuniones se sostuvieron interrumpidamente hasta el año 1998, cuando José Antonio Ramón consideró que el ciclo en el hotel había terminado y cerró formalmente los grupos, retirándose a meditar junto con un pequeño grupo de estudiantes cercanos al Jardín, donde ha permanecido hasta el día de hoy, como se explicará más adelante.

La expansión de la conciencia y la vivencia del vacío

Y mientras todo esto pasaba y la enseñanza se difundía rápidamente  entre conocidos y amigos, debido a las reuniones y clases en el hotel, su proceso personal continuaba avanzando de diversas maneras. Por ejemplo, dejo escrito en sus apuntes personales de esta época:

“Me encontraba en estado de profunda meditación. El silencio interno ocupaba todo mi ser. Inesperadamente, mi conciencia empezó a expenderse en todas direcciones, como si fuera una esfera de energía que crece sin cesar a un ritmo uniforme y sostenido. El cuerpo físico permaneció como un punto de referencia sin importancia alguna. La conciencia pasó del cuerpo físico al campo energético y se expandía más y más hasta alcanzar una dimensión titánica comparada con el cuerpo físico, el cual, allá abajo, en un momento determinado, sintió temor ante lo que sucedía. Ante la sensación de temor, inmediatamente, la expansión cesó. Acto seguido se inició el mismo proceso, pero en sentido inverso. Es decir, la contracción gradual y progresiva de la conciencia a la misma velocidad que se había expandido, hasta que ésta se reincorporó totalmente en el cuerpo físico. Al salir de la meditación me sentí profundamente emocionado y lleno de alegría y asombro, de reverencia y gratitud.

Al día siguiente, entré en meditación en un estado de gran expectación. A los pocos minutos de haber iniciado la práctica, la conciencia empezó a expandirse nuevamente en todos sentidos y direcciones a un ritmo uniforme y sostenido. Llegó el momento en el cual la conciencia estaba tan expandida que me auto percibía como un ser energético de dimensiones inimaginables para la comprensión humana. En este peculiar estado, yo permanecía simultáneamente en todos los puntos dentro de la enorme esfera en que me había convertido. Permanecí en esta condición por un tiempo que no puedo definir y, entonces, la enorme esfera de conciencia empezó a contraerse lentamente hasta que se reincorporó totalmente en el cuerpo físico.

Días después, mientras caminaba, dando un paseo, mi conciencia nuevamente empezó a expanderse en forma de esfera. Sin embargo, en esta ocasión la expansión sólo alcanzó unos 50 metros aproximadamente afuera de mi cuerpo y en todas direcciones. Tan pronto llegó hasta este tamaño, empezó un proceso de contracción que terminó cuando sentí que toda el aura había entrado dentro del cuerpo físico. Junto con esta vivencia recibí un mensaje en forma de intuición: “Tu eres tu campo (tu aura energética). Tu conciencia y su desarrollo dependen de tu campo. Si este aumenta en dimensión y sutileza, tu conciencia se expande y desarrolla también.” Tan pronto comprendí lo anterior la energía de mi campo volvió a expenderse en todas direcciones, sólo que esta vez a una mayor distancia, para que entendiera bien el mensaje.

Aparte de las vivencias descritas, últimamente experimento prácticamente en todas mis meditaciones la vivencia del vacío. Es como se la conciencia se retirara o irrumpiera a una región de absoluto vacío. Se percibe el cuerpo físico como vacío; y fuera del cuerpo sucede lo mismo: vacío. Uno podría decir que el vacío es, y que todos los objetos, incluyendo mi propio cuerpo, están dentro del vacío.”

Síndrome de kundalini y otras manifestaciones de la energía

Pero acompañando al despertar espiritual y a las reiteradas vivencias místicas que eran una constante en su vida, todo indica que ocasionalmente experimentaba  también, diversos malestares debido al incremento y actividad de la energía o fuego sagrado en su interior. En un escrito de julio de 1991, escribió:

“hace unos días, en el cine, la energía se movía poderosamente dentro y alrededor de mí, pero sin llegar a mover el cuerpo. La sensación que produce se parece a un viento intenso que se mueve dentro y alrededor de uno mismo.”

Y sobre el síndrome de kundalini, escribió lo siguiente:

“El malestar relacionado con la transmutación de la energía sexual siempre aparece cuando me sobrepaso en mis prácticas. Ahora mismo estoy sintiendo un pequeño ardor en la parte superior de la cabeza. Ayer, el malestar fue peor. Esto debido a que el pasado viernes me sobrepasé en mis ejercicios.

El organismo tolera muy bien la energía transmutada, pero, tan pronto exagero en la práctica aparece el malestar con diferente intensidad. Esto indica que hay un límite en la tolerancia del cuerpo al aumento de energía. Por lo tanto, uno no puede acelerar el proceso más allá de un cierto punto, sin padecer diferentes tipos de malestares.

Lo anterior debe tomarse como un buen termómetro en la práctica de la transmutación sexual. Si uno se siente mal en alguna forma, significa que hemos exagerado los ejercicios y debemos suspenderlos hasta que el malestar desaparezca completamente. Esto impedirá que dañemos nuestro organismo con excesivas descargas de energía.”

Y en abril de 1992 escribió:

“Hace unos días, repentinamente, sentí un intenso calor en la columna vertebral y el cerebelo. Tres días después, el domingo, mientras comía, sentí una sensación extraña en la cabeza y desde entonces he sentido un malestar muy desagradable e irritante en el cerebro que produce pensamientos, emociones e imágenes negativas.

En otras ocasiones, las sensaciones desagradables desaparecen al cabo de 4 o 5 días de suspender cualquier tipo de ejercicio de yoga. Sin embargo, en esta ocasión ya se han cumplido 15 días y el malestar continúa, principalmente una desagradable sensación en la coronilla y el cerebelo, y entre estos dos puntos. También he notado una cierta dificultad para digerir los alimentos, aunque no he variado mi dieta.

Un día después, el lunes, en la clase que doy, mientras daba la plática acostumbrada, sentí nuevamente una desagradable sensación en el cerebro y náusea. También en estos días e tenido un bramido continuo en la cabeza y una gran actividad y movimientos en la zona de la coronilla, que podría compararse al agua cuando hierve.

Antes de lo relatado había venido haciendo, por muchos días, una gran cantidad de ejercicios de transmutación sexual, que producían gran cantidad de calor subiendo por la columna vertebral hasta la cabeza. Con seguridad fueron la causa del malestar.

Según avanza el proceso y el organismo se ve sometido a mayores cantidades de energía, debemos ajustar nuestros hábitos: cuando me he sobrepasado al hacer ejercicio me siento mal. Si uno hace ejercicio debe ser ligero, refrescante y nunca intenso. Es importante tener una dieta sana y evitar las bebidas alcohólicas. Debe uno también evitar enojarse por cualquier motivo, esto resulta particularmente importante.

El estado de quietud o estado natural de la mente

37 a 42  años (De agosto de 1993 a agosto de 1998): Y el estado despierto que culminó en José Antonio Ramón en 1984, al final del primer septenio de sus prácticas espirituales, continuaba profundizándose con el correr de los años. Uno de sus escritos de 1993-1994, es el siguiente:

“A través de los años, mi conciencia se ha venido hundiendo más y más  en un estado mental que se semeja, por su quietud, a un gran océano sin olas. Viviendo en este estado mental uno podría decir que el mundo singular de las cosas permanece igual. Las personas, las plantas, los coches, los animales, etc., permanecen igual. Solo que ahora la mente ha dejado de discriminarlos. Es como si la mente viera de golpe todos los objetos percibidos como perteneciendo a la misma unidad. Desde este estado de quietud mental uno también puede ocasionalmente advertir, mientras se perciben los objetos cotidianos, la poderosa sensación de ser, de aquello que es y está más allá del tiempo y el espacio. Es como si “por detrás” de los objetos percibidos se encontrará el ser que trasciende el tiempo y el espacio y que, sin embargo, lo compenetra en su totalidad.”

Otra visita de la Luz

Y tal como sucedió tiempo atrás, nuevamente la experiencia de la visita de la luz se presentó una vez más en abril de 1994. Lo relató de la siguiente manera:

“He vuelto a recibir la visita de la luz. Me encontraba en meditación. Repentinamente, percibí con el ojo de la mente una luz en forma de esfera que se acercaba desde lejos. Llego y se posó sobre mi cabeza. Pero, a diferencia de la experiencia del año 1991, la luz solo permaneció sobre mi por algunos segundos y luego empezó a alejarse hacia arriba. Una vez que la luz se encontraba relativamente lejos, “disparó” una poderosa energía que al entrar a mi cuerpo, lo contorsionó con fuerza hasta que surgió la necesidad de gemir por algunos minutos. La luz que penetró en mi cuerpo era una verdadera descarga de energía que, para ser asimilada por el organismo, provoco gemidos por largo rato. Al tiempo que esto sucedía pregunté mentalmente: ¿Qué es esta luz? Recibí telepáticamente la respuesta: es el padre en los cielos (la monada de los teósofos).

La diferencia entre ésta visita de la luz y la experimentada algunos años atrás, es que en la oportunidad anterior la luz penetraba en mi cuerpo como si fuera una corriente continua de energía, semejante al agua de una catarata. En esta segunda oportunidad, la energía que penetró en mí fue un solo y poderoso disparo de luz.”

Incendio devocional

Y acompañando a todo lo que se ha venido relatando, el profundo sentimiento de devoción hacia lo sagrado también aparecía reiteradamente en su vida. Así lo dejo escrito:

“A través de los años he pasado, en repetidas ocasiones, por intensos períodos devocionales. Ahora mismo estoy pasando por uno de ellos. Pido continuamente al Señor de lo eterno para que entre dentro de mí; aunque sé, por vivencia personal, que sólo Él es y que nosotros y todo lo que existe es Él.

En estos periodos de incendio devocional, un pasa días y días llamando al Señor con tanta intensidad como un niño perdido llamaría a su madre en una noche de tormenta. Uno clama sin cesar: “Señor, Señor, entra en mí. No me abandones en medio de la oscuridad del mundo. No permitas que yo me extravíe, mírame con misericordia y dame el conocimiento de mi esencia. Dame fuerzas, Señor”.

En otras ocasiones el solo recordar las palabras, “amarás al Señor tu Dios, con todas tus fuerzas, con toda tu mente y con todo tu corazón, y a tu prójimo como a ti mismo”, produce una sensación tan intensa que el corazón duele. Es también usual repetir mentalmente durante estos períodos: “Señor, hazme digno de Ti y permíteme colaborar contigo en la regeneración del mundo”.

Estos incendios devocionales aparecen cuando uno menos los espera y permanecen por algunos días con diferente intensidad, para luego, desvanecerse lentamente.”

Vivencia de lo sagrado

En sus apuntes del 25 de octubre de 1994, dejo reportada otra vivencia relacionada con lo divino. Escribió:

“Hace algunas semanas me vi, una vez más, poderosamente invadido por la vivencia de lo sagrado. Dios está ahí. Siempre ha estado y nosotros en Él. Solo Él es. Somos Él. Todo es en Él y seremos siempre Él. Las palabras, como siempre, nada pueden decir sobre esto. Sin embargo, que grandioso es penetrar en lo sagrado y que afortunado me siento por ello. Solo puedo permanecer en silencio y dar gracias.”

Un ciclo de siete años dedicado a la enseñanza

Para dar por terminado este apartado de siete años sobre la vida y obra de José Antonio Ramón, cabe mencionar que prácticamente los siete años involucrados los dedico a la enseñanza. Los primeros dos con un pequeño grupo de manera privada, y los cinco años restantes a un número creciente de estudiantes que aumento rápidamente conforme pasaban los años. Todo indica también, que fue durante este período cuando escribió los libros que mas adelante se publicaron juntos como una colección, la Colección Completa, como se verá en el apartado de sus próximos siete años.

Finalmente, tal y como ya se comentó anteriormente, en el año 1998 José Antonio Ramón cerro formalmente los grupos del hotel y se retiró a meditar junto con un pequeño grupo de estudiantes cercanos al Jardín, donde ha permanecido hasta el día de hoy.

Fuente de este apartado: Con los pies en el sendero del yoga y el misticismo, por José Antonio Ramón, de la Colección Completa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s