De los 21 a los 28 años de edad: el discipulado

(De agosto de  1977 a agosto de  1984)

Las manifestaciones de la energía

21 a 26 años (De agosto de 1977 a agosto de 1982): Fue el 7 del 7 de 1977 el día que José Antonio Ramón se inscribió a un curso de yoga tibetano escrito e introducido a Estados Unidos, por el maestro Edwin J. Dingle, bajo el nombre de La ciencia de la física mental. Su maestro fue el Sr. Pedro Espinosa de los Monteros, quien impartió esta enseñanza en México, por más de 50 años. El curso básico o iniciático consta, según dejo explicado en su documento autobiográfico, Con los pies en el sendero del yoga y el misticismo, de una serie de ejercicios respiratorios que debían realizarse en la mañana, así como de una técnica de meditación basada en afirmaciones pronunciadas audiblemente que debía realizarse por la noche, antes de dormir. Por su parte, el curso avanzado o cámara, dividido en tres niveles, explica, entre otras cosas, una técnica para lograr la transmutación sexual, desde la base del tronco hacia arriba del organismo.

Según relata en dicho documento autobiográfico a los seis meses más o menos de haber iniciado su práctica (febrero de 1978), empezaron a aparecer diversas manifestaciones energéticas con diferente intensidad y frecuencia: sensación de vibrar, presión en la espalda, zumbido de oídos, presión en la columna, presión en la cabeza, un pequeño dolor en la parte media de la columna, punzadas dentro de la cabeza, la sensación de toques y cosquilleo del tipo eléctrico en las manos, calor en el bajo abdomen que desaparecía si eyaculaba para reaparecer días después, una gran fuerza en el bajo abdomen, zumbido de oídos durante todo el día, presión en las sienes, una sensación extraña en el cóccix acompañada de picor o toques del tipo eléctrico, una sensación extraña en la frente y en las sienes, un temblor dentro del cuerpo acompañado de vibración en la garganta, mucho sueño acompañado de  mareo y desguanzo en general. También dejo reportado que todos estos síntomas energéticos venían acompañados de mucho calor alrededor del cuerpo o en alguna parte en espacial y que, en ocasiones era tan intenso que le provocaba sudar.

Luego dejo reportado que todos estos síntomas aumentaron en intensidad y frecuencia, aproximadamente al año y medio de haber iniciado las practicas del curso referido. Escribió en sus apuntes personales de marzo de 1979 a diciembre de 1981, lo siguiente: “El 17 de febrero de 1979 el maestro me informó que la energía se iba a empezar a manifestar dentro de mí. Al día siguiente, en efecto, algo me estuvo moviendo durante mis meditaciones. El movimiento del cuerpo era en ocasiones rítmico y suave y en otros rápido y espasmódico. En una de las pláticas, el maestro comentó sobre el movimiento de la energía dentro del cuerpo: “Por esto los maestros en la antigüedad decían: si el cuerpo de luz sale por arriba de la cabeza, va a las raíces del cielo; si se mueve dentro de la caverna de la luna (el cuerpo físico) se está acomodando; y si no se mueve, todo está bien, está acomodado”.

En el libro El misterio de la luz de oro está escrito: ´En la caverna de la luna se produce la cristalización de la fuera solar (fuego sagrado), el cual se manifiesta como fuerza interior que se mueve sin estímulo exterior, suave y dulcemente, yo no me muevo, es Eso que se mueve en mí.´

El movimiento que he descrito, efectivamente mueve al cuerpo durante la meditación. En ocasiones el movimiento es hacia delante y hacia atrás, o de un lado hacia el otro, o en círculos, o de otras diversas maneras. Sin embargo, también existe otro tipo de movimiento de la energía que no mueve al cuerpo físico, sino que parece moverse dentro de él. He sentido este tipo de movimiento también fuera de la meditación, a cualquier hora del día; es como si la energía se moviera dentro del cuerpo vacío y alrededor de él también, pero sin llegar a mover el cuerpo.

Otras manifestaciones de la energía que aparecieron, como resultado de las prácticas respiratorias y de transmutación sexual y que apunté en la libreta fueron:

– He sentido vibrar por varios días algo en mi garganta.

– Tuve movimiento dentro de la cabeza.

– Debido al ejercicio de transmutación sexual (contracción del ano) sentí vibraciones muy marcadas en la cabeza. También apareció un zumbido en el interior de la cabeza.

– Vibración intensa en brazos y manos.

– Tensión en la espalda.

– Sentí la columna más derecha, fuerte y resistente que nunca.

– Ocasionalmente he sentido presión en las sienes y una sensación extraña en la parte frontal de la cabeza.

– Sentí otro movimiento dentro del cuerpo que no movía el cuerpo, principalmente dentro de la cabeza. Era una sensación en la cabeza de que algo ser movía, pero no lograba mover la cabeza.

– Sentí calor rodeando todo mi cuerpo.

– Ruido en los oídos.

– En meditación escuché zumbido en los oídos y otro que parecía una caída de agua. También presión en las sienes y en las orejas y una sensación extraña en la frente.

– La presión en las sienes y la sensación de presión en la frente aparece en todas mis meditaciones y a veces una presión en los oídos. Un ruido muy extraño dentro de la cabeza también aparece.

– Fuerte zumbido de oídos.

– Sentí un calor muy especial en la espalda, en los riñones.

– Pronunciado calor en casi toda la espalda, menos en la parte superior de la misma. El calor se presentó en forma de ardor.

– Ardor en la espalda, zumbido de oídos.

– Sentí una pequeña presión en los ojos.

– Ardor en toda la espalda.

– En meditación estuve sintiendo, en el cerebelo, un gorgoreo acompañado de vibración.

– En algunas ocasiones he sentido una sensación dentro del cerebro que se asemeja a una burbuja que ha venido subiendo a través de un líquido muy denso.

– Durante mis practicas respiratorias (la propia respiración espiritual) sentí una vibración muy violenta del lado izquierdo del estómago que se desplazó hacia abajo sacudiendo con fuerza la pierna izquierda.

– He sentido picor, cosquilleo, ardor y quemor en el cóccix; parece que esto es debido al ejercicio de transmutación sexual.

-Al despertar de una siesta sentí claramente como se movía todo el cuerpo de forma muy especial: la garganta temblaba fuertemente y dentro de la cabeza se sentía un pronunciado temblor. Las piernas y los brazos temblaban con fuerza. Pensé: es la fuerza solar que se expresa dentro de mí.”

Y también dejo escrito: “En una ocasión el maestro comentó que si teníamos movimientos, ya entonces se había iniciado el proceso, que habíamos entrado en el sendero. También comentó que debíamos entrar en el movimiento sin interferir con él: si se movía el cuerpo, movernos a la par que él, si se detenía, detenernos. El movimiento es muy extraño, pero es real. En verdad mueve al cuerpo durante la meditación. El cuerpo se mueve sin ningún estímulo externo o dirigido por la fuerza de la voluntad. El maestro ha comentado al respecto: ´Es el Espíritu Creador que se mueve a través de ti. Abandónate a él y deja que la fuerza creadora se exprese a través de ti en pensamientos, palabras emociones y actos´. También ha dicho: ´Sigue simplemente el movimiento´. En otra ocasión pregunté al maestro que tenía que lograr un hombre para ser un iniciado: Respondió: ´Cuando la fuerza solar (fuego sagrado) es liberada, ella se manifiesta en el hombre (Eso me mueve a mí). Siendo esta fuerza (o fuego) el causante del proceso regenerativo, otro cuerpo de luz nace del cuerpo oscuro (físico) o caverna de la luna, y en ese nuevo cuerpo de luz, tu verdadero Yo, en armonía con el Espíritu Creador, se expresará ampliamente´. La causa de la actividad energética dentro del cuerpo es debida, sin duda alguna, a los ejercicios respiratorios y al ejercicio de transmutación sexual.”

Aparte de todas estas manifestaciones energéticas, también dejó reportado otro tipo de manifestación que se relacionaba más bien con la conciencia, que con las manifestaciones puramente energéticas. Escribió: “Junto con las manifestaciones puramente energéticas que he descrito anteriormente, también he estado continuamente experimentando otra que podría describir como una expansión y contracción de la conciencia. Cuando trato de concentrarme en algo, de inmediato la conciencia se contrae; es como si mis facultades intelectuales y de atención, se vieran seriamente reducidas o inhibidas. Sin embargo, en las ocasiones que no realizo ningún esfuerzo mental, la conciencia se aclara y expande creando una sensación de lucidez y claridad.”

Sobre la meditación

Y en relación a la práctica de la meditación, dejo escrito a finales de 1981: “Durante el periodo de marzo de 1979 a diciembre de 1981, el tipo de meditación que llevé a la práctica en la medida que lo permitían los movimientos corporales producidos por la energía, fue la técnica para purgar la mente. Escribí al respecto: Siempre que me siento en meditación con la intención de purgar la mente, aparece un flujo de pensamientos, emociones e imágenes, totalmente incoherente y distorsionado. Un continuo sentimiento de temor también aparece durante la meditación, ocasionalmente acompañado de sensaciones de ahogo. Las sensaciones de ahogo también aparecen en cualquier hora del día. Anteriormente, luchaba para controlar el flujo continuo de pensamientos e imágenes que aparecían en la esfera de la conciencia durante la meditación, lo que empeoraba la situación. Pero con el tiempo fui descubriendo que, a medida que uno da rienda suelta al flujo de pensamientos, mientras permanecemos en un estado de observadores pasivos y vigilantes de dicho flujo, la mente se limpia progresivamente de impurezas y se tranquiliza. La actitud que debe uno tomar en esta meditación es la de observar atento todo lo que aparece en la esfera de la conciencia: sensaciones corporales, emociones, pensamientos e imágenes, sin tratar de modificar nada, de alejar o retener lo que aparece. Simplemente, uno observa mientras aparecen y desaparecen los diversos contenidos en la conciencia.

Lao-tse decía: ´La mente del hombre es como el agua turbia; déjala en calma y pronto se convertirá en agua cristalina.”

 

foto 21-28

Foto de José Antonio Ramón (Shiva Shambho), tomada en el Lago de Valsequillo, Puebla.

El desinterés por las cosas y los asuntos del mundo

Y conforme el tiempo pasaba, todo indica que su interés, por un lado, crecía más y más en relación a los asuntos espirituales mientras que, por el otro lado, su interés por la vida en el mundo y todo lo relacionado con ella, disminuía también de manera progresiva. Dejo escrito en julio de 1979: “Algo raro está sucediendo. Los estudios universitarios no me atraen en lo absoluto. El trabajo tampoco. Mis esfuerzos están completamente centrados en la enseñanza. El tiempo pasa y sólo me preocupan los logros relacionados con la enseñanza. Pienso en ella todo el tiempo. Todo lo que me sucede durante el día lo relaciono de una u otra forma con lo que estoy aprendiendo; y mi interés por lo demás: nada. Por un lado deseo trabajar y, por el otro, no encuentro nada que llame verdaderamente mi atención. Encuentro todo ese mundo del trabajo aburrido y poco provechoso, aunque reconozco la necesidad de hacerlo. Mis estudios, cuando estoy en la universidad, me parecen de tan poco interés que he decidido dejarlos, por el momento. He esperado pacientemente a que algo en mi interior me diga por donde debo caminar; pero nada. Nada, fuera de la enseñanza, me llama. Los ejercicios, las meditaciones, la lectura relacionada con el tema de la enseñanza y los largos períodos de reflexión, llenan mi tiempo y mi interés. En ocasiones pienso que la sabiduría que ahora está empezando a manifestarse en mi interior, reserva algo grande para mí. En otras ocasiones, pensarlo me resulta cómico, más que real.”

Un mensaje del Yo Superior

Y mientras todo lo escrito hasta ahora continuaba ocupando completamente su tiempo e interés, dejo reportado en sus apuntes personales algo que, en cierta forma, marco un antes y un después en su vida. Leamos lo que dejo escrito: “En el mes de julio de 1980 algo cambió por completo mi porvenir: Hice contacto con mi Yo superior; o mejor dicho, mi Yo superior hizo contacto conmigo. Este importante evento no sucedió, como alguien podría pensar, en meditación o en un momento de profunda reflexión o contemplación, sino que llegó en el momento más inesperado que un pudiera imaginar. Me encontraba platicando con un buen amigo sobre algún tema poco importante. Repentinamente, la fuerza de mi Yo superior saturó toda mi persona con una poderosa sensación de atemporalidad o eternidad, y transmitió un mensaje, sin palabras, que resonó en mi cabeza. El mensaje, traducido en palabras, decía: No tienes por que preocuparte, todo lo que te sucede es por el bien de tu propia evolución. Sentí y supe, fuera de toda duda, lo que es en verdad el hombre. Un hermoso ser en continua evolución en el cosmos, sin ninguna posibilidad de fracaso en su desarrollo e inmortal en su esencia. El ser que en verdad somos es eterno y en continua evolución de regreso a lo divino. Este importante evento antecedió a una serie de vivencias místicas que en el futuro inmediato habría de vivir, sin ningún esfuerzo ni control por parte de mi voluntad y que, por momentos, me transportaban a estados de conciencia de un orden muy superior al que uno está acostumbrado a vivir de ordinario. Todo parecía indicar que mi Yo superior, sabiendo lo que me esperaba, se anticipó pre-viniéndome en el sentido de que, “pasara lo que pasara”, sólo sucedía como parte de mi propia evolución y que, por lo tanto, nada debía temer al respecto.”

Las primeras vivencias de lo divino

Y efectivamente, tan solo un mes después de lo que él llamó “un mensaje de mi Yo superior”, José Antonio Ramón empezó a tener los primeros chispazos o atisbos de conciencia divina, exactamente tres años después de iniciar sus practicas espirituales.

Estos primeros atisbos quedaron reportados de la siguiente manera: “Por aquel entonces (agosto de 1980) estaba construyendo un edificio a varias cuadras de mi casa para venderlo en condominio. Diariamente caminaba hasta la obra para supervisar el trabajo, según avanzaba. Uno de esos días, mientras caminaba rumbo a la obra y sin ningún esfuerzo por parte de mi voluntad, me vi profunda y materialmente invadido por una vivencia de iluminación que arrebataba y nublaba todo lo demás. Traducir esta vivencia extática en palabras resulta totalmente inadecuado. Para explicarla, diría: Fuera del tiempo y el espacio existe el ser Absoluto en perfecta y eterna paz. La vivencia permaneció por algunos segundos y luego desapareció. Esta fue la primera vez que hice contacto con la Fuente que permanece, por decirlo de alguna forma, más allá de la mutación y el cambio, del sufrimiento y la confusión, más allá del tiempo y el espacio, del cuerpo y la mente. Las palabras jamás podrán explicar las vivencias de este tipo. Quien las ha vivido sabe que resulta inútil hablar de ellas.

Uno o dos meses después, mientras caminaba desde la alberca hasta los vestidores del club a donde solía ir a nadar, fui invadido, nuevamente, por otra vivencia de lo sagrado. Esta se relacionaba con la descrita anteriormente, con la diferencia de que, en esta ocasión, el mensaje iba más allá del anterior, en cierto aspecto. La vivencia, explicada en palabras, diría: Fuera del tiempo y el espacio existe el ser Absoluto en perfecta y eterna paz, y nosotros somos Él. Nosotros, que somos Él, nos asombramos profundamente cuando descubrimos lo que en verdad somos, es decir, Él mismo. Nos asombramos al despertar a nuestra verdadera naturaleza, la cual siempre ha sido, es y será eternamente. Lo anterior implica que cada uno de nosotros ya es Él, no una parte de Él, sino Él mismo. Pero nos sorprende enormemente cuando nos damos cuenta de ello.”

Cartas al maestro

En junio 1981 le escribió a su maestro una carta, para comentarle sobre las reiteradas vivencias de iluminación que experimentaba por aquel entonces:

“Estimado maestro:

Es un gusto para mí saludarle e informarle sobre mi estudio y práctica. Deseo comentarle que en ocasiones experimento, por un corto espacio de tiempo, un tipo de vivencia totalmente diferente a la usual. Es como si por un instante despertara y viera algo, o mejor dicho, comprendiera algo que está siempre y eternamente ahí, para volver a quedar dormido. A mi entender, el real objetivo en la vida de un hombre sería despertar a estas vivencias de orden superior y permanecer en ellas todo el tiempo. Sin embargo, la dificultad para lograr lo anterior es enorme, ya que estos momentos de lucidez aparecen y desaparecen, independientemente de la voluntad del hombre que los vive. Me gustaría escuchar su opinión al respecto.

Infinitamente agradecido.”

La respuesta de su maestro a esta carta fue: “Si persistes, cada día serán mas largos esos instantes de percepción de otros planos superiores, en donde las vibraciones son tremendas y a las cuales hay que irse acostumbrando para no perderse en el camino.”

Tiempo después, el 3 de diciembre de 1981, le escribió nuevamente una carta a su maestro relatando, por un lado, la vivencia en la cual el Yo superior se comunicó con él y, también, mencionando nuevamente los estados de iluminación que desde hacía algún tiempo a la fecha experimentaba una y otra vez en su vida:

“Querido y estimado maestro:

Le escribo la presente con la intención de narrarle algunos acontecimientos que he vivido de algún tiempo a la fecha. Todo comenzó, aproximadamente hace una año y medio cuando, en un momento inesperado, mientras platicaba con un buen amigo mío y sin razón aparente, una voz, sin palabras, resonó dentro de mi cabeza diciendo: “No tienes por que preocuparte, todo lo que te sucede es por el bien de tu propia evolución”. Al tiempo que la voz hablaba, me sentí completamente seguro y sin ningún temor por lo que sucediera, ya que percibí con claridad absoluta que nuestra existencia es permanente y eterna. Es importante comprender que mientras escuchaba la voz que dentro de mi cabeza hablaba, yo tenía la plena certeza de que se trataba de mi Yo superior. Era, en verdad, yo mismo, pero inmensamente mas grande y sabio que yo; aunque recuerdo que no era omnisciente. Se le podría comparar a lo que los teósofos llaman “el alma en el cuerpo causal”.

A raíz de esta experiencia he venido teniendo instantes de lucidez o vivencias de éxtasis, en intervalos de tiempo que duran unos cuantos segundos de duración. Luego desaparecen y no se presentan sino uno o dos meses después. Transcribiré para usted unos párrafos que leí en un libro llamado El poder de su supermente, ya que ahí se describe con bastante precisión lo que me ha estado sucediendo: ´¿Cómo principia el gran cambio? La primera chispa de percepción de que hay algo completamente diferente marca el punto crítico de la vida. Antes no percibía usted nada más allá de su existencia acostumbrada. Por ejemplo, suponía que todo lo que podía hacer con sus dolores mentales era expresarlos o suprimirlos. Pero esa chispa aislada, minúscula, que vino en un momento inesperado, lo ha despertado a posibilidades extrañamente nuevas. Fue todo lo que duro, una fracción de segundos. Luego, usted volvió a quedar dormido, tal vez una semana, o un mes, o un año, antes de que chispeara de nuevo. Pero no importa cuanto tiempo tarde en llagar la visión siguiente. Ha visto algo. Ha tenido conciencia por una fracción de segundo. Nada será igual otra vez. Usted está en marcha, en poder de la realidad. Hallará que el camino de regreso es una combinación de nuevas conmociones, desalientos más profundos, otras maravillas y revelaciones felices. Y todo el tiempo se aproxima más y más a su propia tranquilidad interna, así como la tranquilidad que existe en las profundidades del mar, a pesar de las tormentas que se desencadenan en la superficie. Como dice Ralph Waldo Emerson: “La comunicación de la verdad, por parte del alma, es el suceso supremo de la naturaleza… y esta comunicación es un influjo de la mente divina dentro de nuestra mente… todo momento en que el individuo se siente invadido por la mente divina es memorable.´

Es importante aclarar (continúa escribiendo él), que los instantes de lucidez a que me refiero, son mucho más elevados en su contenido que el recibido inicialmente por parte de mi Yo superior. Revelan verdades trascendentales: la certeza de que fuera del tiempo y del espacio existe la tranquilidad del ser, Dios, eterno y verdadero, y que nosotros, en esencia, somos Él. La certeza absoluta de que la vida es eterna y que, por lo tanto, nada debemos temer ya que siempre hemos sido, somos y seremos siempre. La certeza de que lo único que existe es la vida y que ella es siempre. La certeza inamovible de que estamos seguros eternamente. La profunda sensación de que el ser que somos, es decir Él mismo, se asombra continuamente al recordarse a sí mismo. Y mucho más. Pero en realidad las palabras no sirven para describir lo que he vivido en aquellos momentos de lucidez. Es como estar en la verdad y estar seguro de que se está en la verdad, sin lugar a dudas. Es grandioso, tan grandioso que las palabras no pueden explicarlo. Es una bendición, un despertar, una mañana, una luz. Todas mis energías se han encaminado a tratar de entrar en esos momentos de lucidez y procurar hacerlos permanentes. Todo el tiempo, 24 horas al día, hacerme receptivo, perceptivo, pasivo, atento. Como dice Ralph Waldo Emerson: ´Nos hallamos muy próximos a la grandeza; un paso y estamos a salvo; ¿no podremos dar el salto?

Infinitamente agradecido.”

El deseo ferviente de servir y enseñar a mis semejantes

El deseo de enseñar y servir a sus semejantes, fue siempre una constante en su vida. A finales de 1980, antes de las cartas mencionadas, escribió en una ocasión un comentario a su maestro, de los muchos que acostumbraba escribirle, donde le confiesa: “Maestro, siento en lo más profundo de mi corazón, un deseo honesto de servir a mis semejantes. Un deseo ferviente de guiarlos para que encuentren su camino; de mostrarles que existe un camino y que todos podemos seguirlo. Sin embargo, el momento no ha llegado para mí y seguramente aún está lejos. Siento, también, el deseo de conocer cuando estaré en capacidad de servir a todo ser viviente y deseo que este momento llegue rápido para comenzar, de inmediato, a servir. Con toda reverencia quiero decirle que, en lo más íntimo de mí ser, se encuentra el deseo ferviente de convertirme en maestro, para así poder ayudar y servir a mis semejantes. Aunque reconozco que llegar a la meta y convertirse en guía no es cosa fácil ni cuestión de palabras, sino de hechos. No se que tan lejos estoy de ese momento, pero el deseo crece y crece en mi interior; y se el Señor de lo eterno lo quiere para mí, yo lo serviré, sirviendo y guiando con todo mi amor a mis semejantes, cuando el momento haya llegado.”

La respuesta de su maestro a este comentario fue: “Es claro que sientas eso. Pero primero es necesario vivir plenamente lo que se conoce, para no estar engañado por una falsa ilusión y así engañar a los demás. Sólo el verdadero conocimiento, basado en la vivencia personal, da seguridad para transmitir lo que se sabe y conoce. Estás en tu camino.”

26 a 28 años (De agosto de 1982 a agosto de 1984): De acuerdo a sus apuntes personales, fue precisamente al final de este período de siete años cuando el proceso de despertar culminó definitivamente en su vida. Lo referente a esto se comenta en el siguiente apartado, que trata sobre los siguientes siete años de su vida.

Fuente de este apartado: Con los pies en el sendero del yoga y el misticismo, por José Antonio Ramón, de la Colección Completa.

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